En colaboración con Rosa María Rodríguez
Cuántas historias conocemos de personas que por una u otra razón se desconoce su paradero, ya sea porque migró buscando mejores condiciones laborales, o por secuestro, separación o abandono.
Algunas de estas situaciones constituyen lo que la investigadora Pauline Boss nombró como pérdidas ambiguas para referirse a aquellas en que no se sabe si el familiar está vivo o muerto, si está psicológicamente presente o ausente. Lo cual ocasiona una gran incertidumbre que se manifiesta a través de diversos signos como la depresión, ansiedad, ambivalencia y conflicto en las relaciones.
Se distinguen dos tipos de pérdidas ambiguas:
1) Cuando el ser querido está físicamente perdido. Por alguna razón, dejo el hogar y no se han vuelto a tener noticias de él, es probable que la falta de información se vaya dando en forma paulatina, hasta llegar el momento de no tener ninguna.
2) Cuando la persona está psicológicamente ausente. Cuando físicamente está pero padece de alguna enfermedad que lo priva de la memoria o de su capacidad para expresarse emocionalmente. Es como un estar y no estar simultáneo, se da en situaciones de Alzheimer, demencia senil, lesiones neurológicas, adicciones, autismo, depresión.
Las pérdidas ambiguas dificultan el duelo pues en realidad son pérdidas que permanecen sin clarificarse, por lo que el trabajo que se realiza en consulta es facilitar un incremento de la tolerancia de la persona ante la ambigüedad, pues hay ciertos elementos del duelo que se potencializan al tratarse de una pérdida de este tipo, como la falta de control asociada a la incertidumbre, la necesidad de validar la realidad de la pérdida y la complejidad de los sentimientos asociados que escuchamos en frases como “no quiere aparecer o no puede” o en casos de demencia “no se acuerda o prefiere no hablar del tema”, en todo caso la ambivalencia que caracteriza cualquier relación se exacerba “te quiero y te odio tanto que duele” pues involucra un estado de confusión que no cesa.
Cuando no hay cuerpos que enterrar, cuando hay ancianos que perdieron su mente, cuando no encontramos
a quien queremos, la capacidad para sobreponerse al dolor emocional proviene de nuestro propios recursos,
del centro mismo de la resiliencia que significa ser capaz de prosperar y seguir adelante a pesar del estrés.
Sin embargo, existen algunos factores a tomar en cuenta y que pueden ayudar, ya sea por nuestra propia
cuenta o a través de un proceso terapéutico. Algunos son:
- Buscar significados diferentes para la pérdida
- Definir en la familia y en la comunidad vínculos interpersonales y conexiones que forman las redes de apoyo
- Participar en rituales de dolor y de alegría. Pueden incluir la creación de ceremonias como despedidas, misas, etc.
- Definir quien cumple la función y el rol de la persona que ya no está o que por su enfermedad no puede seguir desempeñando las mismas ocupaciones
- Promover la reorganización del sistema familiar superando el estancamiento del lugar que se le guarda a quien ya no está o al menos no de la misma forma
Con la pérdida ambigua se pueden presentar algunos síntomas que se parecen al síndrome de estrés postraumático pero el causante aquí es la incertidumbre que conlleva la ambigüedad y no el evento traumático como tal. Por lo que la forma en que se trata es distinta.
Entender qué es una pérdida ambigua en nuestras vidas es el primer paso para afrontarlo, pues las personas que las sufren oscilan entre la esperanza y la desesperación, viéndose afectada la forma en que se desempeña en su vida cotidiana por lo que en la mayoría de los casos se requiere la ayuda de un profesional para aprender a manejarlas pues el duelo es diferente al de otras pérdidas.


