En colaboración con Claudia Amador
Últimamente han llegado a mi consultorio jóvenes atribulados por la incapacidad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias. De ellos, he escuchado el término “free” para referirse a las relaciones libres “amigovios” para referirse a relaciones en las cuales se mantiene una relación sin compromiso de tal forma que se acomode a las circunstancias y las necesidades del momento. Estos nuevos términos o nuevas formas de relacionarse, creo que irán cobrando mayor fuerza día a día casi sin darnos cuenta, situaciones que a mi parecer son de gran trascendencia y fondo, sobre todo en lo que respecta al modo de relacionarse y ver el mundo para las futuras generaciones; en el modo y modelo en que nuestros muchachos de hoy, educarán a sus hijos mañana.
Había yo escuchado el término de sociedades liquidas, vinculado a la globalización y a la tecnificación en la sociedad; éste se ha extendido a la relaciones interpersonales. Nuestros jóvenes están encontrando otros modelos de relacionarse y lo podemos ver a través de las redes sociales, en donde, se contactan rápidamente con alguien que se encuentra al otro lado del planeta y con esa misma rapidez se desvinculan de los amigos o conocidos que hicieron un comentario poco conveniente en la red. De un momento a otro los podemos escuchar decir frases como “mi vida”, “mi reina” a alguien que acaban de conocer, pero que las dicen como si realmente hubiera un sentimiento de por medio.
También veo como mis jóvenes pacientes, con mayor frecuencia e intensidad reportan tener ataques de celos, confusión de sentimientos e inseguridad. A pesar de lo irracional que dichas manifestaciones les parezcan a ellos mismos, porque de antemano -sabían que la relación no era seria-, que sólo era un “free”, son amigos con derechos, sienten celos de que haya alguien más en la vida del otro y, que la relación con ése otro, le pueda ser verdaderamente significativa, incluso más que con él/ella. Pasan por alto fácilmente reglas de elemental respeto y revisan teléfonos, invaden la poca privacidad de Facebook, en estos ataques de celos.
Este modelo de relaciones está desarrollando en nuestros muchachos un sentimiento de incertidumbre, de soledad, de vacío, de miedo a la exclusión, que termina por destruir el compromiso y que es más difícil de manejar, que el ambiguo modelo de vincularse, en donde la contante es la inconsistencia. Ahora, las palabras, las muestras de cariño que se dicen y se hacen, no obedecen a lo que realmente se siente, o porque verdaderamente signifique algo; es sólo una manera rápida de llenar los requisitos para pasar un rato bien, para aprovechar la oportunidad. Cumple la función de satisfacer de manera inmediata, los deseos de ambos, ¡pero nada más! Se trata al otro como producto de consumo, como objeto desechable y sin arrepentimiento. Desafortunadamente, los lleva a sentirse desdichados e incapaces de encontrarse a sí mismos y a los otros; los aísla, en pro del individualismo y la libertad; confundidos y con profundos miedos ante el amor; obsesionados por el bienestar, sin la posibilidad de pensar y mucho menos ver, el bienestar del otro.
La falta de compromiso, se convierte en falta de vínculos fuertes y reales. Las formas sociales se descomponen, se derriten, dejándolos sin puntos de referencia a que asirse. Los valores, los escrúpulos y las lealtades se hacen a un lado, como cacharros antiguos con sabor a sermón de la abuelita.
Todo se vale, en pro de la supervivencia y la búsqueda constante del placer, todo fluye al servicio del consumo desenfrenado. Ya no hay tiempo para el cortejo, para esperar que la relación madure y poder avanzar a la intimidad. Se llega al extremo y a las emociones fuertes de un jalón. Vivir juntos es un asunto que se evalúa en términos de costo – beneficio, en el sentido de las libertades que se pierden, sin el menor sentido de solidaridad para con la pareja. No hay la capacidad para hace proyectos a largo plazo y esto creo, a futuro pasara factura para la sociedad en general.
Quizá sea un buen momento de preguntarnos ¿qué tan fuertes están siendo nuestros lazos familiares?, ¿estamos educando hijos sólo para que busquen su satisfacción, comodidad y felicidad, aun y cuando esto sea la infelicidad de otros?
Les estamos enseñando a vivir sin compromiso, y esto, tarde o temprano, les pasará factura. ¿Queremos eso para nuestros hijos?


