Regreso a clases: Como manejar la ansiedad

Colaboración por: Valeria Zempoalteca García, Psicoterapeuta en Cenyeliztli.

El regreso a clases puede ser un momento de emoción y nerviosismo, pero también de ansiedad intensa para algunos niños, niñas y adolescentes. Cuando llegan a consulta psicológica hemos identificado que estos sentimientos no se despiertan exclusivamente por la escuela, sino que son parte de momentos con dinámicas complejas: cambios familiares, pérdidas recientes, dificultades sociales, cambios emocionales, entre otros.

Preocupaciones más frecuentes

Muchos niños quieren regresar a la escuela, sin embargo, otros temen a:

  • Cambio de escuela o nivel escolar: La mente procesa los nuevos eventos como amenazas potenciales hasta que logra adaptarse a la nueva situación.
  • Dificultad para hacer nuevos amigos: La exclusión social tiene consecuencias negativas a nivel físico, mental y emocional.
  • Miedo o dificultad ante los cambios: Las experiencias que traen incertidumbre pueden generar malestar. Sentir que no “voy a encajar en el grupo”, o que “nadie va a querer ser mi amigo”, son fantasías que pueden aparecer como reacción ante lo desconocido. Sin embargo, enfrentar el miedo es la única forma de vencerlo.
  • Pérdidas económicas y familiares recientes: El estrés prolongado reduce la capacidad para concentrarse y limita el aprendizaje de nuevas habilidades.
  • Pérdida del interés en la escuela: Hay que descartar que el niño, niña o adolescente esté experimentando acoso escolar.

¿Tendrá mi hijo algún problema de ansiedad relacionado con el regreso a la escuela?

Recuerda si tu hijo te comentó algo durante el ciclo escolar pasado, por ejemplo: “nadie me habla”, “la maestra regaña muy fuerte a los alumnos”, “¿sí mi hermano pasa a secundaria me van a cambiar de escuela con él?”. Los palabras o patrones repetidos son pista clave. Ser empático puede favorecer que sienta un ambiente seguro para hablar sobre las preocupaciones de volver a la escuela, por lo que te recomiendo escuchar, ser prevenido y no dejarlo para después.

Manos a la obra. Te compartimos 5 estrategias para un regreso saludable:

  1. Normaliza la ansiedad (sin minimizar)

Habla con tu hijo y hazle saber que es natural sentir ansiedad al iniciar una actividad por primera vez, por ejemplo: “cuando fue mi primer día en el trabajo, estuve muy nervioso porque no conocía a nadie”, o “¿qué es lo que más te asusta?”.

  • Prepara el terreno emocional

Si es nuevo, visiten la escuela antes y recorran las instalaciones, muchas escuelas tienen propedéuticos o semanas de inducción para los estudiantes nuevos (esto reduce la incertidumbre).

Jueguen “roles”, desde practicar cómo saludar a los compañeros o unirse a alguien a la hora del lunch, hasta pedir ayuda (incrementará la confianza en sus habilidades sociales).

  • Reestructura las narrativas negativas

Recuérdale aspectos positivos de conocer nuevas personas, estrenar útiles o materiales escolares y sobre todo de iniciar un nuevo ciclo escolar.

Cambien: “el año pasado fue horrible” por “este año será diferente”. ¿Qué podrías hacer para que esto pasara?

Enfóquense en lo concreto: “nosotros entraremos contigo hasta la puerta” en lugar de “no vayas a llorar” (pequeños controles reducen la ansiedad).

  • Fortalece sus redes de apoyo

Si son preescolares, Involucra a los maestros: una simple nota como “Juan está nervioso por el cambio, ¿podría sentarse con usted si lo necesita?” puede hacer la diferencia.

Conecten con otros: un compañero de otro grupo o clase puede ser un “puente social”.

  • Cuidado con la adivinación del futuro

Eviten frases como “seguro sufrirá como yo a su edad”. Los niños, niñas y adolescentes absorben los miedos proyectados.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Si después de 4 a 6 semanas hay una negativa de ir a la escuela, notas un aislamiento extremo o cambios radicales en su comportamiento (actitud negativa, indiferente, tristeza, enojo) no esperes a que “pase solo”, si tienes dudas o preocupación sobre el comportamiento frente al regreso, acércate a sus profesores y el servicio de psicología del colegio (si es el caso) o profesionales de salud, pero no temas preguntarle directamente qué pasa, crea un espacio seguro. Es muy importante la identificación temprana de problemas que pueda estar atravesando.

El diagnóstico y tratamiento oportuno son fundamentales al obtener apoyo profesional para entender y resolver el malestar de tu hijo. Actualmente existen numerosas opciones de tratamiento disponibles.

Reflexión final: un año escolar no define una vida

Las dificultades son oportunidades para pedir ayuda. Tu conoces mejor que nadie a tu hijo y tu acompañamiento con paciencia y empatía es único e irremplazable; este regreso a clases puede ser el inicio de un ciclo de resiliencia y crecimiento.

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