Inteligencia Emocional en el Trabajo.

Colaboración de Adriana Parrilla Armenta.

Pobre “Cucú….tienes que estar…siempre marcando, siempre cantando…..en un mismo lugar”

Así comienza la canción de Cri Cri que relata la vida de un pájaro que ha de dar la hora, sin posibilidad de volar, siempre haciendo lo mismo sin oportunidad  alguna    de hacer algo diferente,  o de realizar su labor de una manera distinta; los nervios,  la amargura, no tardan en surgir al realizar su labor  y cumplir con su deber.

El hecho no es el cumplir con su deber, esto habla de la responsabilidad que muestra hacia su trabajo,  Cri-Cri el sabio grillito cantor, nos habla de la importancia  de educar para el trabajo y manejo de las emociones;  la actitud que desarrollamos hacia el mismo, depende si no enteramente, si  en gran medida de nosotros mismos…

Cuántas veces no hemos escuchado a nuestros padres decir….¡ ahhh estoy cansado de este trabajo!  ¡Trabajo, trabajo y más trabajo….no da tiempo  para más! ¡Siempre tengo que estar lavando ropa! ¡La Cocina nunca se termina!

Y vamos creciendo con una idea de trabajo como  una “carga” y no un medio   que  permita    satisfacer  las necesidades básicas y  ser fuente al mismo tiempo de perfeccionamiento humano.

En una época en la cual se promueve el materialismo y el individualismo, es fundamental transformar nuestra visión del trabajo como un medio para desarrollar nuestros talentos, un estímulo a la creatividad, un medio para interactuar con otros y fortalecer nuestra voluntad para actuar libres de estereotipos que no son acordes a nuestra naturaleza.

¿Cuál sería entonces el objetivo de esta educación para el trabajo? ¿Por dónde comenzar?

En primer lugar, recordar que debemos de partir siempre de la persona humana y su educación, la cual no ha de  limitarse a la simple acumulación de conocimientos, ya sean teóricos o  prácticos; la educación para el trabajo tampoco se limita  cómo hemos escuchado por ahí “a aprender  ganarse la vida”, claro que esto es importante, pero tratándose de la persona,  siempre debemos de ir más allá.

La educación para el trabajo debe  resaltar la importancia de   a aprender a dirigir la propia vida. Dicho así pareciera fácil, sin embargo el proceso es largo.

Aprender a dirigir la propia vida supone lograr autonomía, la capacidad de autogobernarse y en general el saber elegir en función de cada situación y momento de la vida,  la postura que se ha de tomar. Pero no sólo es tomar decisiones, sino llevar a cabo las mismas y de manera especial  definir la actitud que se ha de tomar.

En la época actual no debemos sentirnos como el pájaro del Reloj Cucu, so pena de terminar con una enfermedad psicosomática causada por el estrés en el trabajo y la insatisfacción con la labor que se realiza.

Al educar desde  y en la familia para el trabajo,  nuestros esfuerzos deben de enfocarse a superar la ignorancia, la pereza, el egoísmo, la rigidez  y sobre todo la irresponsabilidad que encontramos en algunos jóvenes, es decir en la educación en valores y virtudes.

Para lograr lo anterior, deberemos por una parte mantener y fortalecer el binomio familia escuela y  por la otra asumir   nuestro rol de formadores.

Recordemos que la palabra educación proviene de dos  raíces latinas: educere: ‘sacar, extraer’ o educare: ‘formar, instruir’

Se define educación como el proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar.

Este proceso de vinculación  y toma de conciencia cultural, moral y conductual, ha de permitir a las nuevas generaciones no solo el asimilar, aprehender (hacer suyos) los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo, como se menciona en el Diccionario de la Real Academia Española,  sino también desarrollar la capacidad de crear nuevos modelos que favorezcan su proceso  de perfeccionamiento y  socialización.

La Educación Basada en Competencias, promueve cuatro principios: aprender a aprehender, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser, en función de nuestra propia naturaleza. Educar es entonces coadyuvar en la formación de Seres de bien,  es decir, que los jóvenes aprendan a ser profesionales competentes, ciudadanos comprometidos con el bien común, verdaderos amigos, miembros responsables de una familia y buenos hijos de Dios.

 Partiendo de este punto,  toca a los padres como principales responsables de la educación de los hijos, dar ejemplo de satisfacción de la labor que realizan y de la importancia del servicio como un medio para alcanzar el desarrollo no sólo profesional, sino también personal y  por su puesto su felicidad y en la de ellos la propia, ya que es justo que al llegar a la edad adulta, todos los padres puedan gozar de una vida tranquila y feliz, al saber que han dado a sus hijos las competencias para desarrollarse no sólo personal sino también profesionalmente.

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