La Sensación de Agotamiento en el que Ayuda

En colaboración con Ma. Dolores Fernández Morett

Cuando ayudamos a alguna persona que nos necesita, nos sentimos muy bien y muy satisfechos por ello. Sin embargo este “sentir que lo hacemos bien” no es suficiente. En ocasiones ni siquiera sabemos si lo estamos haciendo bien o si estamos brindando lo necesario, o también  puede ser que pensemos que  la persona que ya llevamos tiempo ayudando se encuentra en una postura de exigencia ante nuestra voluntaria  y desinteresada ayuda.

¿En qué situaciones podemos ayudar al otro?

-En el cuidado del enfermo

-En el acompañamiento de una persona sola

-En el apoyo económico al desvalido

-En la escucha al desorientado

-En la guía a un adicto y en otras ayudas similares

La relación de ayuda es la que se establece entre el que ayuda o voluntario y la persona que requiere satisfacer diversas necesidades, o algún tipo de ayuda, o acompañamiento. Es fundamental en la relación de ayuda la empatía, que es la capacidad de ponerse en la mira del otro, y de aclarar su necesidad. En otras palabras: ser empático es ponerse en los zapatos del otro y tratar de entender cómo se siente y qué necesita. En una persona empática, aumenta la disponibilidad para ayudar.

¿En qué consiste el desgaste del que ayuda o del voluntario? ¿Qué es el burnout?

Es un nuevo tipo de estrés laboral “un agotamiento emotivo y profesional” que se ha encontrado en las relaciones de ayuda, muy especialmente en los que trabajan en el campo social, en el campo sanitario o en el de la enseñanza prioritariamente. Hay quienes le llaman también “el síndrome del buen samaritano desilusionado”, porque de inicio se tiene la mejor disposición para ayudar, pero después de un tiempo viene el desgaste y la desilusión.

El burnout es una forma de agotamiento físico, emocional, intelectual, social o espiritual, y trae como consecuencia que la persona que  ayuda o el voluntario, lo hace con una calidad menor y además, por ejemplo, recibe un trato menos adecuado y poco humano. La persona que ayuda con un gran entusiasmo, al estar mucho tiempo involucrado en la ayuda, se desgasta. No hay un equilibrio entre lo que la persona pide y los recursos que tiene  el voluntario, lo que da lugar a un gran  estrés. Esto le sucede al médico, enfermera, asistente espiritual, fisioterapeuta, tanatólogo, psicólogo,  el voluntario y otras personas que forman parte del equipo de ayuda.

El riesgo del “burnout o del desgaste emocional” se presenta en la gente que está en contacto continuo con personas con diversos problemas y espera que otro le ofrezca alguna ayuda. Se ha observado que el desgaste va sucediendo de manera gradual y presenta diferentes momentos:

  1. Entusiasmo idealista. Hay gran esperanza por ayudar, no hay miedo ni desconfianza.
  2. Estancamiento. “Se despierta del sueño” de ayudar a todos. El que ayuda se queja de cansancio. Hay cierta irritabilidad.
  3. Frustración. Prevalece este sentimiento pues ya no se está a la “altura” de lo que el Otro exige. Se puede sentir que “no sirvo para nada”. El ayudado lo percibe y se siente desmoralizado por  no contar ya con la ayuda incondicional del voluntario.
  4. Apatía. Desanimo total. Aquí se presenta el burnout. Es cuando el que ayuda siente que todos lo molestan, ya a no quiere hacer nada, o solo lo menos posible.

¿Cómo prevenir llegar al burnout o desgaste del que ayuda?

Conviene tomar en cuenta estos puntos:

  1. Que el voluntario sepa por qué quiere ayudar.
  2. Que se informe bien sobre qué es lo que hará y cómo lo hará.
  3. Entender que lo importante en la ayuda es la calidad y no la cantidad.
  4. Estar en constante comunicación con otros voluntarios y reunirse periódicamente para comentar cómo se van  sintiendo e intercambiar experiencias.
  5. Capacitarse y entrenarse en el voluntariado.
  6. Atender a las necesidades de todo tipo del voluntario. No por ayudar, descuidarse.
  7. Valorar su trabajo y saber que el voluntariado sí hace la diferencia al ayudar.
  8. Apoyarse psicológicamente cuando sienta que lo requiere.
  9. Tener actividades de recreación y descanso.
  10. Tener una red de apoyo con otros voluntarios.

En conclusión:

Tener deseos de ayudar o ser voluntario en algún lugar no implica solo el deseo de hacerlo, sino que hay que tener en cuenta el cómo hacerlo, el cuándo hacerlo y el cómo hacerlo bien. Si tomamos en cuenta estas tres premisas, más los puntos mencionados anteriormente, evitaremos el desgaste emocional  del que ayuda o del voluntario, lo que permitirá tener una ayuda permanente, pero sin implicaciones negativas en la relación de ayuda.

Fuente: Ayudar sin quemarse. Luciano Sandrín. Ed. San Pablo. España. 2004.

Picture of cenyeliztli

cenyeliztli