Pato o Conejo

Colaboración de Jacqueline Broc

Todos tenemos la convicción de que nuestra percepción  de la realidad es la única percepción de la VERDAD. Creemos que los demás viven en esa verdad y tendemos a ver al “otro” según nuestra percepción. Por lo mismo,  creemos que los demás nos ven de la misma manera.

Siempre estuve convencida de esto, hasta que en una de mis primeras clases en la facultad de psicología, nos mostraron a los alumnos que asistimos una serie de dibujos.  La mitad del salón, veía en ellos una figura y la otra mitad veía otra figura con el mismo dibujo. (Esto se llama Inversión Perceptual).

Nuestro cerebro, al observar una imagen, agrupa los elementos que aparecen en ella según unos principios de organización y según nuestras experiencias previas y conforme a ello interpreta su “realidad”, pero esto no significa que todos veamos lo mismo.

En la vida diaria, todos los días nos cruzamos con diferentes personas a las cuales tendemos a encasillar según  nuestras  primeras impresiones. Está comprobado que nuestro cerebro solo necesita dos décimas de segundo para formarse una “idea” de aquella persona a la que estamos cruzando.

No es una apreciación lógica ni razonada, y sin embargo con ella hacemos juicios rápidos basados solo en algunos detalles. Cuántas veces al escuchar como habla alguna persona, o cómo se arregla, inmediatamente la conectamos con nuestras experiencias previas y si fueron placenteras, confiamos en esa persona, pero si no lo fueron ¿cómo reaccionamos?

Cada día en nuestra sociedad surgen grupos de autoayuda en donde las personas se agrupan de acuerdo a los problemas que las aquejan, ya sea una enfermedad, una pérdida etc…

Estos grupos tienen maravillosos resultados porque cada miembro siente en carne propia lo que siente su semejante, fundamentalmente porque está pasando por la misma experiencia o ya ha pasado por ella. Eso genera una gran capacidad de escucha, empatía, comprensión, solidaridad, cariño y respeto.

Qué pasaría si pudiéramos tener la capacidad de ver al “otro” con una mirada diferente, entendiendo que su realidad y lo que está viviendo es producto de su historia de vida, de su familia, de sus experiencias; que nos pusiéramos en su lugar y no lo juzgáramos desde nuestra experiencia de vida.

Que no nos dejáramos llevar solo por la primera impresión que nos causa y nos preocupáramos más por su persona, que dejemos a un lado la idea de “clasificar” a todos según nuestras experiencias y emitamos juicios  sin tomar en cuenta que siempre tenemos una parte ciega que no vemos.

Quizás, tendríamos la posibilidad de abrirnos a los demás poco a poco  y con ello irnos enriqueciendo con lo diverso, con las diferentes experiencias de vida, trataríamos de  entender mejor al prójimo, para que mañana nos puedan entender mejor a nosotros , respetar al otro, a sus diferencias, para poder ser respetado, que no tuviéramos la necesidad de pasar por las mismas experiencias de dolor para entender el sufrimiento de otro ser humano 

En nuestra sociedad actual no solo es preocupante la crisis económica; lo es más la crisis social que va aislando al ser humano, o lo obliga a aceptar normas inconvenientes y peligrosas para ser parte de un grupo. Una actitud positiva de nuestra parte, haría la diferencia.  

Si cada uno de nosotros nos proponemos ver al “Otro” como una persona que merece cariño, reconocimiento, respeto y confianza, quizá con el tiempo aprendamos a ver simultáneamente al pato y al conejo, lo cual seguramente enriquecerá nuestra vida.

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