Recuperar para prevenir: la otra cara de la lucha contra las drogas

Por: Doctor Jorge Larrea Espinosa, Fundador del Centro de Estudios Superiores Monte Fénix

Cada 26 de junio, el mundo conmemora el Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Esta fecha, impulsada por la Organización de Naciones Unidas, nos recuerda que construir una sociedad libre de drogas no es solo una tarea de policías o aduanas. Mientras exista demanda, habrá oferta. Por eso, la prevención y la rehabilitación deben ocupar un lugar central en cualquier estrategia.

Hoy sabemos que la adicción no es un defecto moral ni una debilidad de carácter. Es una enfermedad crónica y tratable –como lo establece la Sociedad Americana de Medicina de la Adicción– que implica interacciones complejas entre los circuitos cerebrales, la genética, el entorno y las experiencias de vida de cada persona, especialmente en la infancia y la adolescencia. Quienes desarrollan este padecimiento consumen sustancias o presentan conductas que se vuelven compulsivas y con frecuencia perduran, a pesar de las consecuencias negativas[1].

Durante décadas, se creyó que los hijos de personas con adicción repetían el patrón por simple imitación o falta de un ambiente sano. Pero la ciencia ha demostrado que en el origen de esta enfermedad, hay factores biológicos y emocionales mucho más complejos. El psiquiatra Marc Schuckit, por ejemplo, ha documentado desde los años 80 cómo la predisposición genética puede aumentar el riesgo, sobre todo en el caso del alcohol.[2] Si bien es cierto que sus investigaciones se centraron en el abuso del alcohol, por ser la sustancia psicoactiva (es decir, que altera la percepción de la realidad o del estado de ánimo al consumirla) de mayor abuso, hay otros autores que también confirman la influencia genética en el consumo de otras drogas.[3]

Sin embargo, tener un padre o abuelo con historial de adicción no determina el destino de nadie. De hecho, muchas personas con riesgo genético nunca desarrollan la enfermedad. ¿Por qué? Porque la interacción del individuo con la persona puede modificar la expresión de los genes, lo que se denomina epigenética. Y es esta interrelación con el ambiente la que puede atenuar o incrementar el riesgo de adquirir una adicción al alcohol o a otras drogas[4], un dato esperanzador, ya que esto significa que es posible evitarlas a partir de factores de protección como son el desarrollo de una autoestima sana y habilidades para la vida, ambientes familiares cálidos y estilos de vida saludables.

Aquí entra un punto clave: la recuperación de una persona con adicción tiene un efecto preventivo en su familia. Como lo dijo Bill W., fundador de Alcohólicos Anónimos[5], en el capítulo “La familia después” del Libro Grande:  “el niño que ve a sus padres practicar estos principios verá algo que vale más que el oro. Lo verá como algo que funciona. Su lección será permanente. Y cuando llegue el momento de beber, tal vez no tome. Y si lo hace, puede que nunca llegue a ser un alcohólico. Pero si lo llega a ser, es muy probable que el conocimiento que ha recibido lo salve.”[6] 

Esta idea, nacida de la experiencia, ha sido confirmada por la evidencia. Distintos estudios muestran que los hijos de padres en recuperación crecen en ambientes más estables y estructurados, con menos violencia, además de que cuentan con modelos positivos de resolución de conflictos.[7],[8]

Cuando hablamos de recuperación, no nos referimos a dejar de consumir alcohol o drogas;  eso es solo el primer paso.  Recuperarse es reconstruir la vida: reparar los daños causados, reconectar con la familia, encontrar un propósito y convertirse en una persona activa, respetuosa y útil para la sociedad.

No es un proceso fácil ni rápido. Se requiere motivación, apoyo profesional, tratamientos basados en evidencia y grupos de ayuda mutua, como Alcohólicos Anónimos.

Cada persona en recuperación es una historia viva de transformación. Su ejemplo inspira, fortalece la salud mental de su entorno y ayuda a prevenir el consumo en otros. Porque cada historia de recuperación también es una historia de prevención. Y ese es el camino más humano, más profundo y más sostenible hacia una sociedad verdaderamente libre de drogas.


[1] American Society of Addiction Medicine. (2019). Definition of addiction. In American Society of Addiction Medicine. https://www.asam.org/docs/default-source/quality-science/asam’s-2019-definition-of-addiction

[2] Schuckit, M.A., Genes and Alcoholism: A Review, in Adicciones, el creciente desafío, 2023.

[3] Schuckit, M.A., Genes and Alcoholism: A Review, in Adicciones, el creciente desafío, 2023.

[4] Nielsen, D. A., Utrankar, A., Reyes, J. A., Simons, D. D., & Kosten, T. R. (2012). Epigenetics of drug abuse: predisposition or response. Pharmacogenomics, 13(10), 1149–1160. doi:10.2217/pgs.12.94

[5] Se fundó el 10 de junio de 1935

[6] Alcohólicos Anónimos, Libro Grande

[7] Kelly, J. F., & White, W. L. (2011). Addiction recovery management: Theory, research and practice. Springer Science & Business Media.

[8] Andreas, J. B., & O’Farrell, T. J. (2009). Long-term effects of a relapse prevention program for substance-abusing fathers. Addictive Behaviors, 34(8), 694–700. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2009.04.003

Picture of cenyeliztli

cenyeliztli