En colaboración con Marisa Gallardo Portela
Una tarde de esas en las que tienes mucho que hacer, pero pocas ganas de actuar, mi cabeza empezó a girar y me entretuve y detuve buscando soluciones a preguntas que parecían no tener respuesta o por el contrario un sin fin de ellas. Se me ocurrió hacer una lista de cosas que nos hacen olvidar quienes somos, pero caí en la cuenta de que este análisis me llevaba a otro más interesante, o por lo menos me hizo ver que la primera pregunta que me tenía que plantear era: ¿sabemos quiénes somos? Porque si no lo sabemos es normal que lo olvidemos.
El objeto de mi reflexión no pretende caer en debates filosóficos, porque está claro que hay tantas posibilidades como seres humanos, es decir cada quien es como cree que es. Mi interés estaba y está más enfocado a crear una lista con situaciones que nos sirvan de alarma para identificar qué tanto somos nosotros mismos, o hasta qué punto nos anulamos como personas. A continuación enumero mis conclusiones:
Dejamos de ser nosotros cuando….
1.- Vivimos la vida del de enfrente– Sí, en definitiva no hay cosa más triste que vivir la vida de otro teniendo la propia, ¡qué pérdida de tiempo! Caemos en esto cuando por ejemplo decidimos estudiar tal cosa, porque alguien más la estudia, o nuestro conocido compró un coche y al día siguiente compramos uno más grande, cuando entramos en competencia por no ser menos y acabamos dejando de ser. Aquí aplica muy bien esa frase de que siempre el jardín del vecino es más bonito, pero quizás sea más bonito en apariencia, pero no es nuestro jardín. El nuestro está hecho de las semillas que hemos sembrado con lo genuino de nuestro propio ser. Aunque nos parezca más fácil seguir el camino de otros que el propio, no significa que llegaremos a donde queremos, por el contrario es probable que nos lleve a perdernos.
2.-Cuando no hacemos lo que queremos– ¿Cómo poder ser nosotros si no hacemos aquello que nos nutre, que nos gusta, que nos llena y nos lleva a crecer? Somos expertos en encontrar mil y un pretextos que nos impiden hacer lo que nos hace evolucionar. A menudo nos invade un sentimiento de frustración que nos carcome por dentro y vivimos prisioneros en las jaulas que construimos con la ignorancia de creer que siempre hemos de estar dispuestos para lo demás y nunca para nosotros. Si bien es cierto que tenemos obligaciones que cumplir, también lo es que nos debemos un tiempo, tiempo para hacer aquello que nos haga sentir productivos, creativos y que nos provoque ese sentimiento de entusiasmo que hace mover montañas y lograr metas por más altas que éstas parezcan.
3.-Cuando no expresamos lo que sentimos y pensamos– Otra forma de anularnos es ocultar lo que sentimos por miedo al ¿qué dirán? Tememos no ser aceptados y preferimos mentir por convivir. Traicionamos nuestras creencias y al hacerlo dejamos de ser genuinos, para ponernos una máscara que nos permita transitar por la vida con el disfraz del disimulo y la apariencia, pero estos intentos son en vano, pues igual caeremos en picada al vacío que tarde o temprano nos llevará a recordar que eso no es lo que somos.
4.-Cuando somos presa fácil de los que saben manipular y quieren influir en nosotros. Si nos resulta más sencillo creer en lo que dicen los demás y dejamos que otros tomen las decisiones, sin duda estamos cediendo nuestro ser, nos hacemos a un lado para que otros tomen las riendas y el control que en teoría únicamente nos corresponden.
5.-Cuando nos vendemos al mejor postor. Si por dinero, un puesto, o cualquier cosa material pasamos encima de nosotros, estamos perdiendo más que lo que en teoría ganaremos, pero sobre todo corremos el riesgo de generar tanta frustración y odio hacia nuestro propio ser, que el vivir con nosotros se torne en una pesadilla para los que nos rodean y peor aún para nosotros, que no seremos capaces ni siquiera de aguantarnos.En general todos los puntos están entrelazados y todos tienen un común denominador que se llama falta de autoestima y esto contesta a la pregunta de si sabemos quiénes somos. En la medida en la que nos valoremos y creamos en nosotros mismos, es decir, en la medida en la que nos aceptemos con virtudes y defectos, en esa medida nos conoceremos. Si hemos de vivir esta vida con nosotros, empecemos por escucharnos, hagamos a un lado la guerra interna y estrechémonos la mano.


