Y Tú ¿Cómo Quieres que Sean Tus Hijos?

En colaboración con Aida Gatica

Los padres de hoy en día estamos muy preocupados por el futuro de nuestros hijos, que tengan buenas calificaciones, que sepan otro idioma, que terminen sus estudios, que no se metan en problemas, que tengan una alta autoestima, que tengan buena salud, que encuentren un trabajo digno.

Pero te has preguntado ¿qué clase de persona será tu hijo? Que te gustaría que te respondieran tus hijos a la pregunta de ¿Cómo influyeron en ti tus padres? ¿Qué te gustaría que contestaran?  ¿Cómo está tu autoridad moral y ascendencia sobre ellos? 

Por medio de la observación directa está demostrado por la Dr. Diana Baumrind, profesora de psicología de la universidad de Berkley California, que “la autoridad de los adultos, siempre y cuando sea ejercida adecuadamente, es vital para el desarrollo moral de los niños y adolescentes”. Por un estudio que ella realizó se pudo identificar que hay tres tipos de padres:

  • Padres de autoridad, que se dirigen con firmeza, coherencia y racionalidad (padres que dan razones atrás de sus exigencias). Padres que escuchan a sus hijos pero no basa sus decisiones  solo en los deseos de este.
  • Padres autoritarios, que usan ordenes y amenazas constantes.
  • Padres permisivos, que dan mucho afecto a los hijos y poca autoridad, donde generalmente los hijos se convierten en adultos egoísta que buscan salirse siempre con la suya.

Ama a tus hijos.

El amor hace que los niños se sientan seguros, importantes y valiosos. Cuando se sienten queridos sienten apego emocional por nosotros, ese apego los hace responder a nuestra autoridad  y ser receptivos a nuestros valores; ese amor les enseña a respetarnos. 

Amor es pasar tiempo con ellos, darles tiempo individual, actividades compartidas de padres e hijos, pero también entre esposos, por ejemplo: cenar en casa una vez a la semana todos juntos (este será un recuerdo entrañable que ellos de adultos querrán repetir).

Dales un buen ejemplo

¿Qué clase de lenguaje usamos cuando nos molestamos?, ¿nos reconciliamos pronto o permanecemos molestos?, ¿cómo tratamos y hablamos a otras personas?, ¿defendemos lo que creemos?, ¿qué opinión tenemos sobre el derecho a la vida, la paz, la guerra o la grave situación de pobreza? Si nuestros hijos no ven que defendemos lo que creemos y nunca vamos contracorriente, ¿cómo podemos esperar que tengan el valor de hacer frente a la presión de sus pares?

Cuando tengas algún desafío moral, aquel en que entran en juego tus convicciones, hacerte las preguntas siguientes puede ayudarte a tomar una decisión:

  1. Piensa en las alternativas: ¿de qué otras formas podrías tratar de resolver este problema?
  2. Mide las consecuencias: ¿cuáles podrían ser resultados positivos y negativos de las diferentes alternativas  para las personas afectadas, incluyéndome a mí?
  3. Identifica los valores: ¿Qué valores morales están relacionados? ¿Cuáles son más importantes?
  4. Busca consejos: ¿a qué personas, como mis padres, hermanos mayores, profesores, asesores, podría pedir ayuda para decidir qué hacer en esta situación?
  5. Toma una decisión: ¿Con qué forma de actuar se respetan los valores más importantes y se consigue el bien mayor, causando el menor daño a los afectados?

En todo lo que hacemos y decimos les estamos dando ejemplo, por eso te pregunto hoy ¿Cómo quieres que sean tus hijos?

Los padres que intervienen, establecen reglas y expectativas, conocen las actividades de sus hijos, conocen a sus amigos, su comportamiento y los vigilan de forma adecuada para su edad, lograrán que sus adolescentes tengan menos probabilidades de estar envueltos en drogas, alcohol, tabaco y actividad sexual.

Nunca es tarde para empezar.

“Di por favor y gracias”, “no interrumpas”, “mira directamente a las personas cuando estés hablando con ellas”, “recoge tus juguetes y tu ropa”, “recuerda tus modales cuando hables por teléfono”, en fin hay cientos de enseñanzas, ¡es nuestra labor! Nosotros somos los encargados de enseñarles. ¡Que tus hijos te recuerden por tus consejos, tus enseñanzas y tus palabras sabias! Asume tu responsabilidad y ellos aprenderán a asumir las suyas. Se constante, no te desanimes, “acepta los fracasos y vuelve a empezar”. 

Afronta con serenidad los acontecimientos y recuerda que ellos se acordarán de lo que dices pero nunca olvidarán lo que haces. 

Fuentes Consultadas

Educación Emocional para la Familia, Norma Alonso, Ed. Producciones Educación Aplicada, México, 2011.

Carácter, Thomas Lickona, Ed. Producciones Educación Aplicada, México, 2010.

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