En colaboración con Verónica Alcántara
A lo largo de la vida se hacen presentes distintas circunstancias que requieren de una serie de respuestas por parte de cada persona; sin embargo, si esas respuestas no son eficaces frente a la demanda pueden transformarse en un verdadero problema. Es común no detenerse a reflexionar si lo que se hace por resolver “el problema” en verdad está ayudando a tal fin; pero si puede experimentarse un sentimiento de indefensión que a su vez dificulta buscar nuevas soluciones. El problema puede comenzar a ocupar tal dimensión en la vida de las personas que se percibe como imposible de resolver, se vive con altos niveles de ansiedad y desesperación que en momentos detiene, inmoviliza.
La importancia de parar y pensar cuáles son las respuestas que se están ofreciendo frente al problema puede abrir distintos caminos para intentar resolverlo. Autores como D’Zurrilla y Golfried ofrecieron una definición que invita a esa búsqueda: “un problema es el fracaso para encontrar una respuesta eficaz”. Así que al comenzar a mirar al problema de esta manera, es probable que se comiencen abrir nuevos horizontes de solución.
Veamos algunos ejemplos que por simples pueden sonar absurdos pero permiten ver esas respuestas. Imaginemos a una persona con varias actividades en el día, y de pronto le surge un dolor de cabeza. Camina hacia el botiquín lo abre y toma una pastilla desinflamante en vez de un analgésico. Es seguro que pasará un tiempo y no tendrá el efecto esperado: que el dolor de cabeza desaparezca. La respuesta frente a esta demanda no fue eficaz.
La vida está llena de situaciones problemáticas y esto constituye un hecho normal, situaciones que se viven en distintas áreas como en el trabajo, las finanzas, la salud, el deporte, el esparcimiento, las relaciones sociales, entre otras. Un primer paso es comenzar a identificar en cuál de estas áreas se funciona con menor eficacia y en la que se tienen más problemas. Este ejercicio requiere de estarse entrenando continuamente hasta convertirlo en un hábito de pensamiento y acción.
Una forma de establecer la situación problema es imaginándose en ella y acompañándola de sonidos, imágenes, olores, intentar hacerla lo más cercano a un evento real; ya en esta situación preguntarse qué está sintiendo. Si las emociones como enojo, desesperación, tristeza, etc. desequilibran su estado, es probable que se trate de una situación problemática. Ahora piense en que grado se presenta que puede ir desde: no me molesta para nada, un poco, más o menos, hasta, me molesta bastante.
Demos un siguiente paso, que consiste en describir la situación problema, incluyendo cada detalle como el lugar, qué sucede, el porqué, quiénes están implicados, cuándo sucede, etc. así como la respuesta que se ha dado cuando la situación problema se presenta, especificando el humor con que se realiza, cuánto tiempo pasa para dar la respuesta, cuál es el razonamiento para hacer lo que se hace, si con todos se responde de la misma manera, cuándo sucede, etc.
Ahora imagine qué otra posible respuesta podría dar, no se limite, todas las ideas pueden complementar una repuesta distinta a la ya conocida. Ya con esta idea continúe imaginando y preguntándose cómo se sentirá haciendo esto, de qué manera afectará su vida en este momento, en una semana, en un mes, si le ayuda a conseguir el objetivo o le aleja de éste, cómo afectará a las demás personas. Hasta aquí se da el ejercicio en el mundo de las ideas, que pueden escribirse para organizarlas y revisar como van evolucionando.
Ahora viene el poner en la práctica estas ideas y decisiones: el actuar… cosa nada fácil, pero si se recuerda que las respuestas dadas se convirtieron más en el problema que en la solución, es preferible buscar un nuevo camino, un camino distinto que permita acercarse a otra solución. Es esperable que sean varios los intentos que se tengan que hacer hasta encontrar el que le haga sentir más cómodo; en cada uno se aprenderán nuevas cosas, enriqueciendo la vida en el día a día.


