En colaboración con Mariana Díaz Prado
Un día más pasa, te levantas para ir a trabajar, te bañas, te alistas, sigues la misma rutina de cada día y no pasa NADA, no cambia NADA, no sientes NADA. Llegas a trabajar y sientes esta misma sensación de cansancio por tus ocupaciones, esperando que pronto llegue el final del día para dejar el trabajo por hoy cuando no ha pasado ni una sola hora desde que llegaste.
Hartazgo, insatisfacción, dolores de cabeza, tristeza, ansiedad, tensión en los músculos del cuerpo, fatiga, enojo porque tienes muchas cosas que hacer pero al mismo tiempo sientes que no haces nada. Todo esto no es solo producto de tu imaginación, y no eres la única persona que lo ha sentido, esto ha sido descrito y estudiado desde que en 1969 H.B. Bradley lo mencionara por pimera vez, adquiriendo luego el nombre de “Síndrome de Burnout” o traducido al español “Síndrome de Estar quemado”.
Este síndrome se define como un desgaste emocional que le ocurre principalmente a las personas sometidas a trabajos que implican altos niveles de estrés y energía, relacionadas generalmente con aquellos que brindan apoyo o ayuda a otros (doctores, enfermeras, psicólogos, consejeros, dentistas, etc) aunque se ha visto que puede presentarse en todos sin importar oficio o profesión. Está estrictamente relacionado con el ámbito laboral, donde el trabajo que realiza el individuo es el origen y precursor de los malestares, y donde incluso otras áreas como la pareja y la familia pueden NO estar afectadas.
Se caracteriza generalmente por agotamiento, fatiga emocional y física, hasta relaciones conflictivas. La persona en su afán por responder de la “mejor forma” a las demandas laborales del entorno comienza a exigirse más a sí mismo al grado que sus esfuerzos parecen ser inútiles, y se convierte en depositario de una cantidad de estrés inagotable, inmanejable.
Ese ser que antes estaba lleno de metas, de idealismo, de ambición por su trabajo, de preocupación por “el otro” de pronto no encuentra más el sentido de lo que hace, se siente como amarrado, como detenido y pierde las ganas de “dar lo mejor de sí”. Se pregunta “¿En qué momento paso esto? Y se repite a sí mismo que “ya no es feliz con lo que hace” entonces sucede una despersonalización, deja de preocuparse por los demás y por “dar lo mejor de sí” abandonando poco a poco todo ideal de autorrealización, perdiendo de vista que en un principio las cosas eran diferentes, y que tal vez en realidad antes sentía un profundo sentido de vocación que ahora tiene perdido.
Este síndrome podrá parecer inofensivo para todos excepto para el que lo padece, sin embargo si nos creemos que de verdad no afecta a nadie más y que por tanto él es el único que debe preocuparse y actuar al respecto, estamos a punto de cometer un grave error.
Para hablar de todo el daño que puede hacer, no es necesario mencionar sólo lo mal que lo vive la persona, ni hablar de las consecuencias dañinas a la salud física, también puede llegar a tener altos impactos en el rendimiento del individuo afectando así la calidad del servicio, que a su vez traerá más consecuencias económicas y sociales convirtiéndose entonces en un problema mucho mas general, mucho más grande.
¿Qué se puede hacer entonces?
Lo primero es identificar cuáles son las causas que han llevado directamente hasta esta situación. Hay muchos factores involucrados, pero algunos que se pueden mencionar son: aburrimiento, falta de estimulación intelectual, limitadas oportunidades de crecimiento, mala remuneración económica, factores personales, sobrecarga de trabajo, aislamiento, mala preparación profesional, entre otras.
Una vez teniendo identificada la causa podremos hacer una evaluación de si es posible cambiar la situación, si podemos adaptarnos o adaptar nuestras expectativas y valores del trabajo a nosotros, o si deberemos tomar medidas drásticas y tal vez cambiar de trabajo para encontrar algo que nos haga felices.
En cuanto a la industria, hay tres factores principales que deben tomar en cuenta para sus integrantes: su organización, la formación y el tiempo. Es importante que no lo pierdan de vista pues siempre tienen que tener presente que las grandes empresas son el resultado del trabajo de su gente, y si la gente que la forma no se siente feliz entonces no hará su mejor trabajo, no dará lo mejor de sí, y entonces sí, como industria, se verán afectados por los resultados.
Hagamos un alto en nuestros días laborales, detengámonos a analizar y recordemos que el trabajo debe ser fuente de satisfacción y orgullo y no debe convertirse en una carga en nuestros días porque si no… ¿Qué clase de vida estamos escogiendo vivir?


