En colaboración con Gisela Chávez
Si eres de las personas que viven atormentada por el odio, el rencor, el resentimiento y te sientes enojado con Dios, con la vida, con tus semejantes o peor aún, contigo mismo, es muy probable que necesites perdonar.
Perdonar no significa borrar o negar las ofensas y agresiones recibidas. No elimina la responsabilidad del agresor. Tampoco quiere decir que vamos a seguir permitiendo que nos ofendan, ni siquiera implica el tener que renunciar al legítimo derecho a pedir justicia.
Perdonar significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo. Significa soltar, ser libres del peso del odio y de los resentimientos que consumen nuestra energía y que nos impiden crecer y ser felices. Cuando perdonamos nos quitamos un gran peso de encima, nos sentimos más ligeros, libres y sobre todo en paz.
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
Es como un veneno que tomas poco a poco, a veces hasta te acostumbras a vivir con él, pero a la larga termina por matarte. Paradójicamente, al ofrecer nuestra buena voluntad al ofensor, encontramos el poder para sanarnos. Al ofrecer este regalo a la otra persona, nosotros también lo recibimos.
Comprendiendo la naturaleza humana.
La gente te dice “perdona” y lo has intentado, pero ¿por qué es tan difícil perdonar? La calidad de nuestras emociones y sentimientos determinan la calidad de nuestros pensamientos, y es a través de nuestros pensamientos que construimos constantemente nuestra realidad. Esto significa que si nuestras emociones y sentimientos son de odio, rencor, culpa y vergüenza, nuestros pensamientos serán negativos y destructivos y así es como percibiremos nuestra vida en general.
A algunos de nosotros, sobre todo a los que nos cuesta más trabajo perdonar, nos invaden pensamientos negativos constantes, que en ocasiones se vuelven repetitivos y obsesivos, debido principalmente a una tendencia innata a guardar resentimientos y a otros factores como una baja autoestima y a algunas experiencias dolorosas desde la infancia. Desafortunadamente somos muchos los que en vez de energía positiva y sentimientos de amor, recibimos rechazo, desamor, alcoholismo, drogas, miedo, recriminaciones. Nacemos y crecemos de esta manera y nos convertimos en seres que agredimos, lastimamos, con relaciones dependientes destructivas, con adicciones como la droga, el alcohol, el sexo, el trabajo, la comida, con mucho dolor y vacío existencial, somos presas del odio y vivimos perseguidos y atormentados por los resentimientos.
El resentimiento
Viene del latín re-sentire que significa: volver a sentir. Entonces ¿no hay que recordar el pasado? Sí, pero solo para aprender de nuestros errores. Dicen que no hay errores sino experiencias de aprendizaje, pero si volvemos a vivir el pasado y lo hacemos para re-sentirnos, dejamos de vivir aquí y ahora.
Decimos que el resentimiento necesita volver al pasado y nutrirse de experiencias dolorosas que se acrecientan en nuestra mente; busca las causas que generaron dolor, vergüenza, agresión y te llena de odio, coraje, vergüenza y culpa. Muchos de nosotros hemos sufrido todo tipo de agresiones y violencia y algunas veces las hemos recibido de personas muy cercanas de quienes esperábamos solamente amor. Otros recordamos comparaciones, burlas, etiquetas, que nos hicieron sentir torpes e inseguros frente a la vida y nos hicieron poner en duda nuestra propia valía.
La pregunta es: ¿Vale la pena seguir cargando con esto? Algunas veces quien te hizo daño vive tranquilo y ya hasta olvidó la agresión hacia ti; en cambio tú, sigues esclavo, amargado, resentido y frustrado.
Solo por hoy proponte ser feliz, ve todo lo bueno que eres y que tienes. Date cuenta de que a pesar de tantos sufrimientos, comparaciones, etiquetas, del egoísmo de quienes te rodean, has sobrevivido hasta llegar a ser la persona que eres. Mereces vivir de diferente manera, utilizando toda esa energía para tu desarrollo y crecimiento personal.
Sugerencias para perdonar
1.- Conocer los antecedentes de la persona. Al investigar la vida de nuestro agresor, nos damos cuenta de que es un ser humano con heridas y que sufre. De esta manera podemos pasar del enojo a la comprensión y de la comprensión a la compasión.
2.- Evitar “interpretar actitudes” o hacer suposiciones. No emplear la imaginación y alimentar el resentimiento. Recordar que no podemos saber con certeza los motivos que tuvo esa persona y que seguramente son diferentes a los que yo supongo, interpreto o imagino.
3.- Empieza por tratar de perdonarte a ti mismo. Muchas veces este el perdón mas difícil. Debemos elegir perdonarnos por todas las cosas que no fueron de la manera que pensábamos. Por nuestras acciones u omisiones, por permitir, ofender, agredir, callar.
4.- Date cuenta de tus propias limitaciones y asume tu responsabilidad por haber ofendido a otros. Para perdonar, antes debemos de enjuiciar y dar el veredicto de “culpable”. Y ¿quien soy yo para enjuiciar a otro si soy un ser lleno de limitaciones y miserias? ¡Si yo también he lastimado y ofendido a otros! Ya lo dijo Cristo: “El que esté libre de culpas, que tire la primera piedra”
Entonces ¿qué hacer para liberarnos de los resentimientos? ¡Tratar de vivir el hoy!


