Ciberparejas

En colaboración con Verónica Alcántara

Hace algunas décadas veíamos películas futuristas que daban forma a un estilo de vida inimaginable como mantener comunicación y hologramas, de un lado del mundo a otro de manera simultánea. En la actualidad estos estilos son realidad, tal vez no en el mundo físico, pero si en un mundo virtual en el que se tienen “vivencias reales” en comunidades virtuales. Este ciberespacio tiene características especificas: se dan interacciones en tiempo real,  existe una disponibilidad las 24 horas del día, y con un sin fin de posibilidades en distintas áreas como las de educación, simuladores, entretenimientos y las ya famosas redes sociales; todo esto en un espacio al que   llamamos ciberespacio. Así el cibernauta es productor y consumidor de la infinidad de opciones que se ofrecen en esta realidad simulada que se encuentra dentro de las computadoras y redes del mundo.

En este contexto surge un nuevo espacio relacional.  Estudios recientes como el llevado a cabo por Oxford Internet Institute 2011, indican que un 22% de las parejas conviviendo se conocieron en internet. La interacción a través del ciberespacio se ha vuelto un camino para entablar relaciones de pareja.

 La interacción en el contexto virtual es una simulación completa y emotivamente comprometedora, con ciertas reglas y propiedades particulares de comunicación. Pero y ¿cómo influye en los individuos y en su relación de pareja?  La creación de estos mundos se inicia con la construcción del referente individual: el sujeto elabora una imagen de sí mismo para ser comunicado al inicio del intercambio, esta imagen puede estar cargada de fantasía y envuelta en un anonimato, cubriendo necesidades que complementen o sean similares a las propias, lo que vuelve “menos complicado” el enamorar y enamorarse. Sin embargo, esta sensación de haber encontrado a alguien quien cubre esas necesidades, genera expectativas elevadas que pueden o no ser cubiertas. Si se da el no ser cubiertas, se corre el riesgo de una desconexión inmediata emocionalmente.  En ocasiones se considera que por no haber tenido un contacto visual y físico, las emociones no están implicadas pese a sentirse la soledad y el dolor, es decir, se niegan los sentimientos y se comienza o continua almacenándolos, sin elaborar la pérdida.

Los comentarios de los demás fomentan en ocasiones esta postura, como: ni la o lo conociste, nunca le diste un beso, qué tal que ni siquiera es cómo te dijo que era.  Estos comentarios influyen en una rápida desconexión pero no eliminan la sensación de pérdida, los sentimientos de desesperanza frente a la conclusión de la relación. Aceptar que en la fantasía se creó un mundo con “ese alguien” conocido y a la vez desconocido, es reconocer las emociones y darles cabida tanto en el mundo físico como en el ciberespacio.  

Mientras que en la pareja al igual que la vivencia de un enamoramiento con intensidad, la decepción y frustración son vividos con esa misma intensidad, suponiendo que en el ciberespacio existe una disponibilidad de tiempo completo, se corre el riesgo de creer que los cibernautas están igualmente disponibles, lo que fomenta un deseo de control y permanencia por parte de alguno de los integrantes.

Por otro lado, es importante tomar en cuenta que el ciberespacio es una realidad en nuestras vidas y que al igual que en el mundo físico, existen cibernautas dedicados al abuso de este medio.  Es importante si se decide conocer a quién está detrás de la máquina tomar precauciones como estar en lugares concurridos al menos hasta tener una sensación de seguridad frente a la otra persona, avisar a alguien de confianza de esa cita y si es posible que también asista. Estas precauciones, si bien no son garantía, pueden disminuir el riesgo de ser víctima de violencia.

No podemos sustraernos de la vorágine de tecnología y comunicación, pero sí podemos vivir los procesos emocionales y elaborarlos, así como prevenir situaciones de riesgo, recordando que el ser humano como ser social con emociones está conectado con Otros.

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