En colaboración con María Irene Chávez
¿Por qué él, específicamente él, me saca tan fácil de mis casillas, por qué me desagrada tanto, por qué me es tan difícil amarlo, por qué estoy empeñado en cambiarlo, por qué lo presiono con tal insistencia para que haga o deje de hacer? El poder entender la causa de estos sentimientos nos ayudará a mejorar las relaciones con nuestros hijos, ya que la mayoría de las veces el cambio está en nosotros y no en ése hijo tan criticado.
En primer lugar es necesario comprender dos mecanismos de defensa que a menudo utilizamos para afrontar situaciones difíciles, distorsionando o rechazando la realidad con el fin de reducir la ansiedad. Estos son la proyección y la negación
“La proyección es el proceso de atribuir a otros lo que pertenece a uno mismo, de tal forma que aquello que percibimos en los demás es en realidad proyección de algo que nos pertenece; puede ser un sentimiento, una carencia, una necesidad o un rasgo de nuestra personalidad. Martha Alicia Chávez.
Siempre proyectamos tanto las cosas que no nos gustan, como aquellas que sí gustan y forman parte de nuestra personalidad. Es decir, si veo envidia o perversidad en otros, casi siempre es porque conozco esos sentimientos en mí, de otra manera no podría apreciarlos en la otra persona. De igual forma, si reconozco la bondad y talento es porque yo mismo poseo esas cualidades o bien soy capaz o me gustaría poseerlas.
Otro mecanismo de defensa es la negación. Negamos cuando no aceptamos una realidad externa de algo que está sucediendo en nuestra vida o bien, una realidad interna, como puede ser un sentimiento, una necesidad, un deseo o un rasgo de personalidad que no nos gusta y nos es difícil reconocer.
Ningún sentimiento es bueno o malo, los sentimientos simplemente existen y sirven para darnos cuenta de cómo estamos ante el mundo. La mayoría de las veces resulta difícil reconocer un problema o un sentimiento negativo porque crecimos en sistemas familiares, escolares y sociales en donde aprendimos que cometer errores es vergonzoso, y que tener un problema es signo de ignorancia o debilidad, y por lo tanto, preferimos ignorarlos y ocultarlos para no sentirnos débiles o ignorantes.
Otra razón importante para mantener la negación son el miedo o la comodidad, ya que si reconozco un problema debo hacer algo al respecto.
Es decir, vemos actitudes y conductas en nuestros hijos que quizá nosotros tenemos (proyección), pero al mismo tiempo no somos o no queremos ser conscientes de que son nuestras actitudes o conductas también (negación), y como consecuencia perseguimos a nuestro hijo por dichas conductas.
Proyectamos en los hijos nuestras expectativas de vida, frustraciones, etapas de la infancia o adolescencia donde dejamos conflictos sin resolver, nuestros “hubiera”, nuestras necesidades insatisfechas y también por supuesto nuestra bondad, talento y luz, como por ejemplo:
Expectativas no satisfechas. Si yo de pequeña quise ser bailarina y no pude o no tuve habilidad, entonces obligo a mi hija para que ella tome clases de baile sin considerar su propio gusto o habilidad. Otro ejemplo puede ser si mi padre quiso que yo fuera médico y al final no fui un buen estudiante y no cumplí su expectativa, entonces presiono a mi hijo, que quizá quiere ser cantante, a que haga lo que yo no pude hacer y así cumplir la expectativa de mi padre.
La dificultad de ser padre. Es importante reconocer que aún cuando amamos a nuestros hijos, muchas veces resulta agobiante la carga de nuestra responsabilidad y no por eso somos malos padres.
El rechazo. El rechazo que como padres podemos sentir hacia los hijos puede variar desde si no fue del sexo que esperaba; si físicamente es feo o torpe y eso no le conviene a la pobre imagen que tengo de mi mismo y no me interesa mostrar. Es necesario entender que no somos perfectos, también tenemos limitaciones y miedos.
Preguntas que ayudan a identificar el conflicto:
- ¿Este hijo me avergüenza ante los demás?
- ¿Me preocupa que piensen que no soy buena madre o padre?
- ¿Se parece a mí justo en lo que tanto me desagrada de mí?
- ¿Le tengo envidia porque él sí puede o tiene lo que yo no?
- ¿Estoy tratando de que él sea o haga lo que yo no pude en el pasado o no puedo ahora?
- ¿Quiero que él haga o cambie algo que yo no puedo?
Tener conflicto con los hijos es natural, pero como padres nos toca reflexionar en que parte somos responsables del mismo.


