El Abuso Sexual y sus Consecuencias

En colaboración con Claudia Unikel

Los niños, niñas y jóvenes víctimas de abuso sexual infantil se encuentran en riesgo de desarrollar diversas problemáticas en la salud física y mental. Entre éstas, destacan las alteraciones en la imagen corporal, en la identidad, en la auto-regulación y en el funcionamiento interpersonal; así como consecuencias emocionales, médicas y psiquiátricas a largo plazo. El abuso sexual infantil es un factor de riesgo en diversos trastornos, entre los cuales se destacan el estrés postraumático, episodios de depresión mayor, abuso de substancias, trastornos de la conducta alimentaria, conducta antisocial y re-victimizaciones sexuales. Asimismo, los estudios han encontrado relación entre la experiencia del abuso con el desarrollo de conductas alimentarias de riesgo, como son el seguimiento de dietas restrictivas, ayunos prolongados, uso de laxantes, diuréticos, vómito autoprovocado o medicamentos para adelgazar.

Los estudios refieren que el abuso sexual infantil es un factor de riesgo para la psicopatología mental en general e inclusive para trastornos físicos tales como problemas neurológicos y músculo esqueléticos. Es muy difícil encontrar los límites entre los efectos psicológicos, físicos, somáticos o sociales del abuso, de manera que es imposible identificar un síndrome de efectos de abuso sexual; más bien, lo que se observa es un modelo multifacético de traumatización. 

La relación entre el abuso sexual y los trastornos de la conducta alimentaria fue planteada desde hace algunas décadas al observarse que las víctimas/pacientes presentaban síntomas similares, como sentimientos de vergüenza, sensación de minusvalía con respecto a la apariencia corporal y baja autoestima. Se ha encontrado que la vivencia del cuerpo en pacientes con estos trastornos es similar a las de mujeres sobrevivientes de abuso sexual infantil.

El abuso sexual perpetrado por un familiar se ha encontrado  relacionado con actitudes y conductas alimentarias de tipo purgativo. El abuso sexual perpetuado por un familiar conlleva sentimientos de vergüenza. De hecho, es por esto que conocer la prevalencia real del abuso sexual infantil es muy difícil; ocurre mayoritariamente en el ámbito privado, principalmente la familia, donde las niñas y niños víctimas suelen sentirse impotentes para revelarlo. Entre los factores que dificultan dicha revelación se han documentado por parte de las víctimas el temor a no ser creídas, el miedo a destruir a la familia o a las represalias del agresor. 

En cuanto a la edad del abuso se ha encontrado que la frecuencia de síntomas purgativos es mayor cuando el abuso ha ocurrido en edades tempranas (menores a los 14 años), y cuando ha habido dos o más episodios de abuso sexual antes de los 16 años, el riesgo de presentar estos síntomas se incrementa cinco veces, en comparación con el doble de riesgo hallado en los que lo reportaron en una sola ocasión. 

La evidencia científica indica que el abuso sexual infantil tiene un impacto emocional que puede afectar la auto-percepción del propio cuerpo y llevar a comportamientos de riesgo en cuanto a la alimentación. Los cuerpos de las mujeres son poderosos comunicadores de lo que no pueden expresar verbalmente; de esta forma“ las experiencias dolorosas están literalmente inscritas en sus cuerpos (Motz, 2001).

Tomado de: Unikel C, Ramos L, Juárez F. Asociación entre abuso sexual infantil y conducta alimentaria de riesgo en una muestra de adolescentes mexicanas. Revista de Investigación Clínica, 2011, 63(5): 475-483.

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