La Exposición a la Violencia Doméstica

En colaboración con Claudia Unikel

La violencia doméstica es uno de los mayores retos a vencer relacionados con los derechos humanos. Es un problema oculto que pocos países enfrentan abiertamente y no está limitado por geografía, etnicidad o nivel socioeconómico: es un fenómeno global.

Según datos del Banco Mundial, la violencia doméstica es causante de la pérdida anual de 9 millones de años de vida saludable a nivel mundial, cifra mayor a la pérdida en años de vida saludable del total de mujeres víctimas de todos los tipos de cáncer, y más de dos veces del total de muertes de mujeres en accidentes de vehículos motorizados.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares realizada en México en 2006, el 43% de las mujeres de más de 15 años sufre violencia de pareja. De ellas, el 32% sufre violencia emocional, el 23% violencia económica, el 6% violencia sexual  y el 10% violencia física.

Por violencia doméstica se entiende un patrón de conductas agresivas y coercitivas que incluyen ataques físicos, psicológicos y sexuales, así como coerción económica utilizada por adultos o adolescentes en contra de sus parejas.

Se consideran expuestos a violencia de género en el ámbito familiar a todos los menores que viven en el hogar donde su padre o la pareja de su madre ejercen violencia contra la mujer.

Existen tres tipos de violencia doméstica: 

  1. El abuso psicológico se manifiesta cuando a una persona se le obliga a aislarse de los otros o es controlada en sus actividades, en sus ingresos ó en el gasto (violencia económica), cuando hay celos excesivos, agresión verbal (amenazas, insultos, aventar objetos), intimidación mediante la destrucción de sus propiedades; cuando se  le acosa o merodea, así como cuando se le amenaza con agredirla, menosprecia constantemente o humilla.
  2. El abuso físico consiste en cachetadas, sacudidas, tirones de cabello, golpes con el puño o con objetos, estrangulamiento, ahogamiento, quemaduras, patadas y amenazas con armas punzocortantes o armas de fuego.
  3. El abuso sexual consiste en obligar a otra persona a tener sexo mediante amenazas o intimidación con fuerza física, forzar actos sexuales no deseados, sexo forzado enfrente de otros y forzar sexo con otros.

La violencia puede ocurrir en todas partes, pero algunos factores que incrementan la probabilidad de violencia doméstica son: cuando las madres son jóvenes,  en situaciones de pobreza y desempleo, y cuando hay uso de alcohol y drogas.

La exposición a la violencia doméstica en los menores de edad es una de las formas de maltrato infantil; las otras formas son el maltrato físico, el abuso sexual y la negligencia.

Los niños que presencian actos violentos, son testigos directos de agresiones a su madre en el 70 a  90% de los casos. Estos niños escuchan gritos, insultos, ruidos de golpes, ven las marcas que dejan las agresiones, perciben el miedo y el estrés en la madre y están inmersos en el ciclo de la violencia como es la tensión creciente, el estallido y el arrepentimiento. 

Los niños expuestos a violencia intrafamiliar sufren efectos duraderos y son más proclives a ser víctimas de abuso infantil (físico, sexual y negligencia); tienen consecuencias emocionales, conductuales, cognoscitivas y fisiológicas, incluso en casos de violencia leve. Si además las madres de estos niños manifiestan dificultades psicológicas como ansiedad, depresión o miedo, se dificulta la crianza al no poder responder a las necesidades de los niños adecuadamente.

Los niños expuestos a la violencia suelen tener problemas de aprendizaje, habilidades sociales deficientes, conducta violenta, riesgosa o delincuencial, y depresión y ansiedad. Los niños más pequeños son más vulnerables y en las familias con niños más pequeños es más frecuente el abuso de cualquier tipo. 

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