En colaboración con Rosa María Rodríguez
Hace algunos meses presencié una discusión entre dos adolescentes de aproximadamente 12 años de edad , una le reclamaba a la otra que el día de su cumpleaños le había publicado en facebook un comentario diciendo que deseaba se lo pasara muy mal ese día porque no tenía amigos a quienes les importara, a lo cual la otra le respondía que ella ni siquiera se metía en facebook y negaba ser la autora de la publicación. Los adultos tuvimos que intervenir para detener la discusión y así pudimos investigar para aclarar la situación, resultando que alguien había abierto una cuenta de facebook haciéndose pasar por quien no era y escrito el comentario.
Esto es un ejemplo de lo que se considera ciberacoso o cyberbullying, que se define como el uso de la tecnología como correo electrónico, redes sociales (facebook, youtube, twitter, entre otros), blogs, mensajes instantáneos y celulares con información utilizada con el fin de acosar a un individuo o grupo, utilizando principalmente la amenaza, la difamación, la crítica, causando vergüenza, angustia y daño emocional.
Las repercusiones pueden ser muy serias, sobre todo en la adolescencia, etapa que se caracteriza por una sensibilidad social pues la relación con el grupo de pares es muy intensa ya que el sentido de pertenencia le permite afirmar su imagen fomentando el desarrollo de su seguridad y de adquirir destrezas sociales.
Con el uso de la tecnología el acoso no se limita a la escuela sino que puede ser hasta las 24 horas del día, pues se puede tener acceso a la tecnología todo el tiempo y en cualquier horario.
Los niños o adolescentes que son víctimas del ciberacoso, igual que como sucede con el acoso escolar, suelen guardar silencio. No informan a sus familiares o maestros sobre lo que les está pasando pues se avergüenzan y temen que se les quite el celular o se les impida el uso de internet. Sin embargo al estar sometidos a un estrés de este tipo mostrarán algunos signos como los siguientes:
- Cambios en el estado de ánimo. Momentos de tristeza y apatía.
- Explosiones agresivas
- Muestras de ansiedad después del uso del celular o la computadora
- Esconderse especialmente para recibir llamadas o mensajes en el celular o cuando están en internet
- Altibajos en el rendimiento escolar y en la asistencia a clases
- Renuencia a asistir a eventos en grupo y en ocasiones negarse a salir de casa
- Cambio en sus hábitos alimenticios que le hacen subir o bajar notablemente de peso
- Manifestaciones de enfermedad o dolencias frecuentes
¿Qué hacer si detectamos ciberacoso?
Ante todo debemos convencer al menor de que cuenta con nuestra confianza, que entendemos lo que le está pasando y de ninguna manera él ha provocado, y que lo apoyaremos en los pasos a seguir siempre contando primero con su autorización.
Como señala el profesor José María Avilés, lo primero es comunicación, evitar la culpabilización y transmisión de confianza.
El acoso causa mucha confusión en quien lo padece por lo que tenemos que ayudarlo a distinguir entre las acciones ineficaces de las eficaces.
Como adultos debemos conversar sobre las ineficaces que son: dejar pasar el tiempo, no actuar, miedo, responder a través de la confrontación virtual, sumisión e indiferencia.
Argumentar y acompañarlos a llevar a cabo las acciones eficaces como son: documentación del caso, búsqueda de apoyo entre iguales y adultos, respuestas asertivas, bloqueo temporal de las vías de comunicación y el trabajo en conjunto familia – escuela.
Hoy en día los menores y jóvenes hacen un uso constante de la tecnología y se benefician de las innumerables ventajas que conllevan, al igual que los adultos. Tenemos acceso a la información y a la comunicación inmediata con nuestros seres queridos sin importar donde se encuentran, no se trata de renunciar a los beneficios sino de prevenir, detectar y solucionar el lado oscuro de la tecnología.
Fuentes de información:
Guía de actuación contra el ciberacoso. Padres y educadores, octubre 2012.


