En colaboración con Tania Castro
La palabra denominada para señalar este trastorno proviene del término griego “auto” que significa “sí mismo”; se utiliza debido a la limitante que tienen los autistas en la relación con las personas y el mundo externo.
El autismo ha sido hasta ahora uno de los más grandes enigmas para la medicina, la biología la psicología y la psiquiatría, debido a la falta de conocimiento de su origen. Con respecto a esto existen muchos mitos desde la antigüedad, como por ejemplo; que se trataba de alguna posesión, una enfermedad mental o un trastorno de la niñez que en la adultez podía desaparecer. Lo cierto es que en la actualidad se sabe que es un trastorno del desarrollo y que ambos se afectan entre sí, el desarrollo al autismo y el autismo al desarrollo. No es curable, pero si es manejable con patrones de conducta que el mismo autista se propone.
Hay una extrema soledad en el niño autista, por eso, siempre que es posible desatiende, ignora y excluye todo lo que puede recibir y percibir del exterior. Puede tener una relación con objetos, le interesan y puede jugar con ellos durante horas, pero la relación con las personas es muy distinta. Su principal característica es que estos niños no pueden hacer un vínculo con otros, no son afectuosos o cariñosos como otros niños, incluso los mimos y caricias son producto de irritación, y comienzan desde edades muy tempranas. Otra de las características, es el deseo de constancia, es decir que sus sonidos y movimientos así como todas sus actividades y emisiones verbales son monótonamente repetitivas, pues los cambios los desestructuran.
Sin embargo, muestran una capacidad de memoria sorprendente, el vocabulario que manejan es complejo y pueden aprender patrones y secuencias que para otros resultan muy complicadas. Todo esto es indicador de una adecuada inteligencia refiriéndose a la parte intelectual, incluso a veces llegando a la genialidad.
Para los padres, hermanos y familiares cercanos al niño autista, es muy difícil adaptarse a los patrones que necesita para sentirse bien, sobre todo en los primeros años. En algunos casos los niños ni siquiera permiten el contacto físico, así que todos los mimos que la familia quiera darle serán rechazados. Habrá veces que el niño quiera escuchar la misma canción todo el día porque le tranquiliza, y esto saca de balance a la familia.
A medida que va creciendo, adopta patrones de conducta que pueden ayudarle a ser autosuficiente, pero no totalmente independiente debido a que la parte laboral en el futuro también será complicada, ya que podrán dedicarse a realizar actividades repetitivas o que tengan aportación manual. Es importante enseñar y tratar a estos niños con respecto a una limitante real que es la parte social afectiva, pero no confundir con una limitante de aspecto intelectual.
Su mundo es distinto ya que perciben, sienten y se desarrollan de manera diferente a los demás. Están sumergidos en ellos mismos y su mundo, pero de igual manera serán dignos de comprensión y tolerancia a sus necesidades, con patrones establecidos dentro de la familia que puedan llevar al niño a ser autosuficiente sin ponerse en peligro.
Si reconoces en algún hijo o familiar estas características, no dudes en buscar ayuda para sacarlo adelante y platicar sobre la situación muchas veces estresante que esto causa en la familia.


