En colaboración con Pbro. Dr. Fernando Franco Alfaro
La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se proyecta “en el complemento natural que existe entre el varón y la mujer y se alimenta mediante la libertad personal de los esposos de compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son”
Sin pretender agotar el tema, proponemos algunas características para tener una idea de qué es y en qué consiste el amor entre los esposos, características que cada pareja puede desarrollar de acuerdo a su situación, desarrollo y habilidades.
Podríamos decir que el amor conyugal:
- “Es, ante todo, un amor plenamente “humano”, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es por tanto una simple efusión del instinto y del sentimiento, sino que es también y principalmente un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma, y juntos alcancen su perfección humana. Porque el amor es humano, “humaniza”.
Lo humano sensibiliza porque implica antes que nada la plena aceptación de nuestra básica condición humana, lo que significa que ningún ser humano tiene poder sobre otro. El amor “humano” lleva a la ternura, característica fundamental de lo humano. “Tal vez en ningún otro lugar se ponga más de manifiesto que el amor trasciende la forma posesiva como en su ternura”
- “Es un amor “total”. Esto es, una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o cálculos egoístas. Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama por lo que de él recibe sino por sí mismo, gozoso de poderle enriquecer con el don de sí. Es una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente sin reservas ni cálculos egoístas, todo lo que tienen y lo que son.
El amor carece de límites; solo cuando los esposos se dan unos a otros en total entrega, es decir, con toda su persona y para toda la vida, puede su encuentro ser fructífero. Cuando a través de un cuidadoso crecimiento de su relación, los esposos han llegado a la libertad de un desarme total, su don se convierte también en perdón, su desnudez no produce vergüenza sino deseo de compartir, y su mutua vulnerabilidad se transforma en el núcleo de su mutua fortaleza.
- “Es un amor “fiel y exclusivo” hasta la muerte. Así lo conciben el esposo y la esposa el día en que asumen libremente y con plena conciencia el empeño del vínculo matrimonial. Fidelidad que a veces puede resultar difícil, pero que siempre es posible, noble y meritoria; nadie puede negarlo. El ejemplo de numerosos esposos a través de los siglos demuestra que la fidelidad no sólo es connatural al matrimonio sino también manantial de felicidad profunda y duradera. La fidelidad es connatural al matrimonio, proporciona seguridad y felicidad profunda y duradera”
La fidelidad sólo es posible si está constantemente guiada por la verdad y la honestidad con nosotros y con el otro. Sólo con esa transparencia se logra experimentar el amor, la cual nos previene de fingimiento, superficialidad y simulación. La fidelidad facilita el mantenimiento de unas relaciones estables, robusteciéndolas contra cualquier amenaza.
- “Es un amor “fecundo” que no se agota en la comunión entre los esposos sino que está destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas. El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son, sin duda, el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres”.
El servicio a la vida es el resultado de toda expresión amorosa y sexual de los esposos. Esta finalidad del servicio a la vida se expresará generalmente a través de la procreación amorosa y la educación de los hijos. El servicio a la vida debe respetar la íntima relación existente entre los aspectos “creador” e “integrador”, “unitivo” y “procreativo”. Los esposos a través de la entrega mutua y total, tienen el medio de expresar su creatividad sexual y avanzar hacia su integración personal.
Y como decía Cicerón “Nada es difícil para el que ama”.
Bibliografía:
Familiaris Consortio. Exhortación Apostólica. S.S. Juan Pablo II. 1981.
Humanae Vitae: Carta Encíclica. S.S. Pablo VI. 1968


