Cuando la Ansiedad se Convierte en un Trastorno.

En colaboración con Lizbeth Pizano Herrera

Cuando nos sentimos nerviosos solemos decir “estoy ansioso” pero,  ¿qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta normal que se produce cuando una persona percibe una posible amenaza. Su función es protegernos de dicha amenaza, haciendo que evitemos la situación, salgamos corriendo o luchemos. La mayoría de las personas saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que usted siente cuando su jefe está enojado, la forma en que su corazón late si usted está en peligro. La ansiedad lo incita a actuar. Lo anima a enfrentarse a una situación amenazadora. Lo hace estudiar más para ese examen y lo mantiene alerta cuando está dando un discurso. 

Cuando sentimos ansiedad, lo que más destaca de dicha experiencia es esa sensación de intenso malestar (miedo, terror, angustia) y los síntomas fisiológicos que está experimentando. Por este motivo, se le suele dar una mayor importancia a estos síntomas y no se tiene muy en cuenta el pensamiento. 

Sin embargo, el pensamiento juega un papel central en la aparición de la ansiedad.  No solemos tener muy en cuenta nuestros pensamientos y en muchos casos ni siquiera estamos conscientes de lo que pasa por nuestra mente; cuando lo analizamos, vemos que nuestra cabeza está llena de imágenes y pensamientos amenazadores. 

Si tienes presente que “somos lo que pensamos”, “no creas todo lo que piensas” porque entonces nuestros pensamientos los vivimos como “realidades” De hecho, una persona puede sentirse ansiosa solo por pensar o imaginarse a sí misma en esa situación temida, debido a todas las cosas horribles que cree que podrían pasarle.

Si la situación temida que imaginas consiste en caminar por una cornisa a 100 metros de altura, la respuesta de ansiedad parece perfectamente normal. Si lo intentas, puede que tus piernas se paralicen, que no puedas avanzar o que te marees. Estos síntomas te obligan a alejarte de inmediato de una situación potencialmente peligrosa.

Pero esa misma reacción puede aparecer al ver un perro, al subir un puente, o al imaginar que le pides un ascenso a tu jefe; la respuesta en todas estas situaciones es la misma: evalúas la situación y la interpretas como amenazante; es decir, consideras que algo muy malo puede pasarte si sigues adelante. Esta interpretación puede ser realista o puede no serlo. Cuando no es realista sino exagerada, y te impide conseguir cosas que deseas y que son positivas para ti, entonces estamos ante la presencia de un Trastorno de ansiedad.

En los trastornos de ansiedad no existe un peligro real, sino una interpretación exagerada o errónea de una situación determinada y del peligro que plantea. Por tanto, la respuesta de ansiedad es inapropiada y, en vez de protegerte de un peligro real, te impide actuar de un modo eficaz.

Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de “nervios”. Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura biológica y las experiencias en la vida de un individuo y pueden ser hereditarias, aunque no en todos los casos. Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias, que puede hacer que te sienta ansioso casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. O las sensaciones pueden ser tan incómodas que, para evitarlas, hasta suspendas algunas de tus actividades diarias. 

Los síntomas que indican un trastorno de ansiedad pueden dividirse en:

1. Cognitivo. La persona es excesivamente consciente de sí misma y está hipervigilante, buscando constantemente indicios que demuestren la existencia de un peligro. Por ejemplo, la persona que teme hablar en público observará cada gesto de su audiencia. Aparecen pensamientos repetitivos de amenaza, como: no seré capaz de hacerlo, siempre me equivoco, soy incompetente.  

2. Afectivo. Aparecen emociones que van desde una ligera tensión o incomodidad, miedo, incertidumbre hasta  vivir con angustia y terror constantes. 

3. Conductual. Movimientos nerviosos (tics) temblar, suspirar, evitar la situación,  rigidez  muscular  que hace que los movimientos sean torpes y bruscos, tartamudeo o mutismo parcial (no poder hablar) impidiendo realizar correctamente ciertas actividades, como escribir, hablar, practicar deportes o tocar un instrumento. 

4. Fisiológico. Se produce una activación del sistema nervioso simpático: mareo, sudoración, palpitaciones, etc.

¿Qué hago si he experimentado algunos de estos síntomas?

Existen tratamientos psicoterapéuticos que ayudan a mejorar o eliminar los síntomas.

“No tienes que controlar tus pensamientos; solo tienes que dejar de permitirles que te controlen a ti.”  (Dan Millman) 

Esto lo puedes lograr acudiendo a psicoterapia, que te ayudará a reestructurar tu manera de pensar y de sentir.

Bibliografía 

Ellis Albert, Como controlar la ansiedad antes que ella te controle.  2000

Haley, J. Problem Solving Therapy.1990

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