La comunicación Humana en la Familia

En colaboración con Pbro. Dr. Fernando Franco Alfaro

Actualmente se habla mucho de comunicación, no sólo al mencionar los medios y nuevas tecnologías, sino por la importancia que tiene en el desarrollo armónico de la familia. Ha aumentado el interés por practicar una comunicación más eficiente. No es que antes no fuera necesaria, siempre han existido familias con buenas o malas relaciones; pero ahora las personas están más conscientes de la conveniencia de establecer patrones comunicativos más abiertos, completos y sobre todo satisfactorios.

La comunicación humana se conforma por pautas de interacción, es decir, por la  transmisión de señales que envían información. Esas señales deben ser comprendidas por ambos protagonistas para que efectivamente puedan intercambiar sus ideas y sentimientos y comprenderse.

¿Cómo puede una persona mejorar sus pautas comunicativas?

En primer lugar se debe hacer conciencia que la comunicamos se da en varios niveles:

  • El primer nivel es el verba: lo constituye el lenguaje hablado o escrito, es decir, las palabras.
  • El segundo nivel es el no verbal: lo constituyen todos los gestos que acompañan a las palabras. El nivel no verbal implica muchísimas cosas como son  el ritmo y distribución de las palabras, la elección de éstas, cómo se organizan y en que tono se dicen, cuáles son las actitudes al hablar, la expresión del rostro, la postura corporal, el lugar y el tiempo en el que se dicen esas palabras, la intencionalidad, etcétera.

Para que exista una buena comprensión entre las personas que se comunican, ambos niveles deben coincidir. Palabras y gestos deben ofrecer mensajes iguales. En caso de que esto no sea así, la comunicación se distorsiona y no es clara y directa.

La persona que quiere mejorar su comunicación debe estar pendiente de que lo dicho verbalmente sea congruente con su mensaje no verbal.

Otro aspecto interesante para mejorar las pautas comunicativas, es aprender a distinguir que existen señales que ofrecen la información, y otras que dicen cómo debe ser interpretada. Aquí es donde pueden generarse muchos conflictos, pues se confunde el mensaje con la forma en la que debe ser entendido.

Por ejemplo, una persona dice unas palabras que hablan de sus sentimientos de amor hacia otra, pero lo puede comunicar dentro de dos contextos de interpretación:

1. Lo hace con pautas o señales no verbales (gestos faciales, cercanía, tono de voz) que comunican que sus  sentimientos son sinceros y muestran el afecto que dice sentir.

2. Lo hace con pautas no verbales que comunican aburrimiento y desgano. En un nivel dice un mensaje, pero en otro nivel expresa que su mensaje debe ser entendido como falso.

El primer contexto es fácil de interpretar, es congruente; pero en el segundo las cosas se complican. Si la otra persona lo capta así y se da cuenta de la contradicción, puede pedir que se aclare el mensaje. Probablemente discutan o terminen su relación, pero hubo una buena comunicación al captarse el mensaje y el cómo debía ser interpretado.

Pero si no capta el doble mensaje, seguramente interpretará que la quieren mucho, con lo cual no se está interpretando adecuadamente el mensaje y por lo tanto se trata de una mala comunicación, que tarde o temprano complicará mucho las cosas.

El qué y cómo debe ser entendido lo que se dijo, o sea el contexto de cómo debe ser interpretado, crea las condiciones de cómo actúan las personas y como responden y retroalimentan la comunicación.

La persona que emite un mensaje debe estar alerta de sus niveles verbales y no verbales y por lo tanto de cómo lo interpretan los otros, para estar segura de que la comunicación sea correcta.

Habiendo analizado esto, se empiezan a complicar las ideas y nos percatamos de la complejidad de la comunicación. Sin embargo, todos y a todas horas manejamos esta confusa red de palabras y pautas comunicativas y es a través de esta maraña de mensajes como logramos entendernos los humanos.

La situación no es sencilla y se complica más cuando en una familia se tiene que considerar la historia y experiencias vividas, la etapa de su ciclo vital, sus circunstancias, los afectos de cada uno de los miembros con respecto a los otros y las reglas implícitas que cada familia tiene.

En ocasiones cuando existe alguna disputa entre una pareja, muchas veces lo que se discute no es el problema en sí, sino la red de interacciones que no están claras y convierten cualquier tema en una batalla campal, entre pautas comunicativas no verbales propias de cada una de las familia de origen, mensajes implícitos, sentimientos encontrados, recuerdos de conflictos pasados, entre muchos aspectos más, y el contexto en el que deben ser interpretados los mensajes. Todo esto aunado a que, en ocasiones, una de las personas tiene la clara intención de distorsionar la comunicación para provocar y prolongar las discusiones.

Existe un buen ejercicio para que las personas se percaten de cómo está funcionando su comunicación y puedan discernir mejor si el problema está en lo que dicen, o en cómo lo dicen, o en cómo es interpretado el mensaje y lo que en realidad el otro entiende del mismo.

Este ejercicio puede hacerse entre los miembros de una pareja, padre e hijo, o hermanos, que se sienten a conversar sobre cualquier tema pero…..¡cuidado!, hay una regla:

  • Después de que la primera persona diga su mensaje, el otro debe repetir lo que entendió, de ser posible usando las mismas palabras de la frase escuchada.
  • Si la primera persona acepta haber sido comprendida la segunda persona ofrece su contestación, misma que deberá ser repetida por la primera.
  • Así hasta que ambos estén de acuerdo que se comunican de forma congruente a nivel verbal y no verbal.

Parece un ejercicio sencillo pero inténtelo y verá que no siempre oímos bien e incluso a veces ni siquiera nos escuchamos. ¡Vale la pena ponerlo en práctica hasta como una actividad familiar divertida!

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