Las Adicciones y la Familia

En colaboración con Elisa Urbina

Es muy frecuente escuchar que las drogas están en todas partes y que el consumo está aumentando. ¿Cómo podemos prevenir el consumo de drogas en nuestros hijos?  ¿Qué importancia tiene la familia para prevenir el consumo? 

Éstas y otras preguntas son frecuentes en los padres y en los responsables de su formación, porque la familia es el núcleo social donde se forman PERSONAS. Es el grupo humano donde se transmiten los valores espirituales a través del ejemplo y testimonio

Los niños que están cercanos a sus padres tienen menos probabilidades de involucrarse en conductas de riesgo. Mientras más involucrado se esté en la vida de los hijos, más valorados se sentirán. Es importante tratar de hacer planes regulares familiares, compartir las vidas, los planes y los juegos. 

Las personas adictas son personas afectadas tanto física como mentalmente; buscan una explicación y una salida para evitar el sufrimiento que las circunstancias presentes en sus vidas les producen, ya sea por el ambiente que les rodea, como por la familia misma, el trabajo, la escuela o los amigos.

La posibilidad de caer en adicciones, tiene un contexto de falta de aceptación de sí mismo, de baja autoestima, de saberse no aceptado y no amado por los suyos; lo que crea una errática búsqueda por encontrar una falsa situación de bienestar y  seguridad personal.

El aspecto afectivo, amoroso, cercano y de compañía, dirección y contención que los miembros de la familia otorgan, es un antídoto muy importante en la evitación de la búsqueda de actividades riesgosas. 

Como padres, es fundamental asumir la responsabilidad de proveer herramientas a los hijos que les permitan saber de los estragos y consecuencias que las adicciones provocan en el cuerpo y la mente, de manera que puedan optar por una vida sin drogas. No es suficiente decirles a los hijos: “Di NO a las drogas”, o no tocar el tema con ellos; tampoco funciona el castigo o amenaza como medio de prevención.

Lo que sí funciona, son el fortalecimiento de los valores y las habilidades humanas, la comunicación, la educación, el respeto mutuo y el amor familiar; el establecimiento y seguimiento de límites firmes y amorosos.

Ayuda:

  • Enseñar y fortalecer la capacidad de tomar decisiones personales.
  • Enseñar a enfrentar los propios problemas.
  • Promover la autoestima: autoconocimiento, autoconcepto, autoaceptación.
  • Fomentar la expresión de sentimientos.
  • Apoyo en mostrar su capacidad de amar.

Son en primer lugar los padres quienes en su propia vida y con su ejemplo les enseñan estas habilidades a los hijos, al ponerlas en práctica. 

Es muy importante tener espacios para interrelacionarse en el grupo familiar. Por eso es aconsejable:

  • La convivencia familiar, aún con las ajetreadas agendas de los padres e hijos. Es muy importante designar un tiempo para que estén todos los miembros juntos, donde puedan platicar de sus días, de sus logros, de sus preocupaciones, de sus amistades. Ello dará la oportunidad de percibir si alguien está actuando de modo diferente a lo habitual, de manera que se pueda entablar un diálogo personal con el afectado.
  • Poner atención a los hijos y hacerlos sentirse valorados. Es importante para que desarrollen una buena imagen de sí mismos. De este modo, los hijos se sentirán seguros en lo que hagan, piensen y digan, sabrán enfrentar las cosas en forma positiva, dependerán menos de lo que los otros digan, no necesitarán constantemente querer agradar a los demás, no se someterán a los otros sin pensar, confiarán en sus capacidades y en el logro de sus metas, y aprendiendo de sus fracasos, sabrán hacerse valorar y enfrentar las influencias de otros, no sentirse inferiores a los demás y aceptarse como son, sin necesidad de aparentar.

Es importante, respetar los gustos y decisiones de los hijos. Si siempre se les imponen reglas y modos de actuar y de pensar, su propia opinión pierde fuerza y se pierde su capacidad de decir “no”.

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