Me Gusta como Soy

En colaboración con Verónica Valdez Hernández

La salud de la mujer implica un desarrollo emocional, social, cultural, espiritual y un bienestar físico. Todo ello es determinado no sólo por la biología, sino también por el contexto social, político y económico de sus vidas.

Un área que al día de hoy tiene gran importancia para las mujeres, es su imagen corporal. Ésta ha sido definida por Schilder como “la figura de nuestro cuerpo que formamos en nuestra mente”; es decir, cómo nos vemos a nosotros mismos. 

Actualmente las normas para los cuerpos aceptables valoran la delgadez, donde se proyectan atributos como la belleza, la limpieza, el éxito, la juventud, la condición física y la salud. Es el llamado “ideal de delgadez”, un estereotipo relacionado totalmente a la apariencia física y que se dirige en mayor medida a las mujeres, (aunque hoy los hombres también están influenciados por este estereotipo), y en nuestra mente, cual como buen mandato, “se debería” cumplir. 

Si revisamos más a fondo, esta relación entre delgadez y salud no es tan cierta, ya que si nos cuestionamos sobre los que realmente ganan promoviendo estos estereotipos, nos encontraremos detrás a las grandes empresas de productos milagro, como adelgazantes, para conservar la juventud, gimnasios y máquinas de entrenamiento, o simplemente el agua embotellada que hoy en día es tan común y casi indispensable.  

Aun así, las encuestas muestran que muchas mujeres, independientemente de su edad o peso, no están satisfechas con sus cuerpos. Esta insatisfacción corporal puede llevar a las mujeres a adoptar medidas para modificar sus cuerpos que llegan a poner en riesgo su salud. 

La insatisfacción corporal se ha definido como los pensamientos y sentimientos negativos que tiene una persona acerca de su propio cuerpo. Se relaciona con las evaluaciones negativas de la forma y tamaño corporal, el tono muscular y el peso, y usualmente esto involucra una discrepancia percibida entre la evaluación de las personas en cuanto a su cuerpo real y el ideal.

Históricamente, el valor social que se le ha dado a las mujeres ha sido inseparable de sus cuerpos. Su rol social se ha identificado y expresado a través de ellos, por ejemplo, en tener hijos, en la satisfacción de las necesidades sexuales, emocionales y físicas de los demás. Cuando el tamaño y la forma corporal se consideran fundamentales, las mujeres aprenden a concentrar su atención en la apariencia; se llega a convertir en una obligación para conseguir tanto su satisfacción interna como el éxito social. 

“Cuando yo era adolescente, mi padre me dijo que estaba gorda y fea, mi madre siempre estuvo muy centrada en ser delgada y estar perfecta en términos de apariencia física, no me permitía comer lo que otros niños comían, como dulces o cereales”

“A veces mi gordura, literalmente, se interpone en mi camino”

Y es que, evidentemente, no todas las personas –al menos no la mayoría– cumplen las condiciones para poseer un cuerpo delgado, lo que puede dar origen a sentimientos de frustración, ineficacia, inseguridad y, en general, baja autoestima.

Actualmente el culto al cuerpo nos induce a vivir sometidos a sus demandas con un precio alto, siempre en correspondencia a los ideales de delgadez, imponiéndonos: violentas dietas, jornadas exhaustivas en el gimnasio, cirugías plásticas, etc. Lleva consigo altas dosis de frustración, pues en muy raras ocasiones se llega a estar verdaderamente conforme con los cuerpos, y el cuerpo pagará las consecuencias, sometiéndolo a fuertes regímenes en un círculo inacabable.

La reflexión será: 

Si todas vivimos en una sociedad donde el ideal estético de delgadez es valorado, ¿Por qué no todas estamos tan preocupadas por la apariencia? ¿Qué habrá en la historia de cada mujer que la lleva a adoptar ciertas estrategias que pueden poner en riesgo incluso su vida? 

Si es tu caso, ¡busca ayuda¡

Bibliografía:

Allaz, A. F., Bernstein, M., Rouget, P., Archinard, M. & Morabia, A. (1998). Body weight preoccupation in middle-age and ageing women: A general population survey. International Journal of Eating Disorders, 23, 287-294.

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