Colaboración de Hugo Hernández Cordero
El mundo en el que vivimos se encuentra cada día más acelerado. El ritmo de vida es frenético, las personas no se toman el tiempo para “vivir”. Pasamos por los lugares sin darnos cuenta de lo que hay alrededor, vemos a las personas sin mirarlas, sin tomarnos el tiempo para observar los pequeños detalles que tanto nos dicen, comemos sin siquiera disfrutar los alimentos, todo se debe al ajetreo diario. Hemos caído en una monotonía y un sin sentido que se ha reflejado en carencias tanto afectivas como emocionales; todas estas terminan convertidas en problemáticas sociales, las cuales pudieran ser corregidas desde casa, con acciones muy simples.
Actualmente todos realizamos muchas actividades simultáneas, el trabajar, el estudiar, el buscar la realización individual, de pareja, espiritual, etcétera. Pero algunos tenemos una que tendría que ser la más importante: la de padres de familia. Y debiera ser la más importante porque es aquella en la que nos convertimos en agentes formadores, guías y soporte de nuestros hijos. En gran medida lo que nuestros hijos lleguen a ser estará determinado por la formación afectiva, moral y de valores que sembremos en ellos.
En nuestros días tanto el padre como la madre se han convertido en proveedores: ambos cumplen las funciones de salir a trabajar por diversos factores, el cuidado de los hijos ha pasado a los abuelos o tíos en el mejor de los casos, y en el menos ideal a las guarderías. Los tiempos de convivencia se han reducido de una manera dramática, las jornadas laborales sumadas a los tiempos de traslado nos dejan solo unas horas para estar juntos como familia.
Y ¿de qué manera pasas el tiempo con tus hijos? El estar en casa no significa convivir con nuestros hijos, a veces tenemos la mala idea de que el estar presentes es suficiente. Pero ¿de qué sirve el estar sin estar? El hecho de que físicamente nos encontremos presentes no implica que emocional y afectivamente lo estemos ya que no nos damos el tiempo para interactuar con nuestros hijos, y para ellos es de suma importancia el poder platicar y convivir con nosotros.
A veces al llegar a casa argumentamos cansancio y solo queremos descansar, leer, dormir, no hacer nada y ensimismarnos en nuestras actividades individuales, ¿Qué hay del padre que llega del trabajo y se dedica a mirar la televisión?, ¿Qué hay de la madre que regresa a casa y de inmediato toma el teléfono y se pone horas a charlar con las amigas?, ¿o de los padres que están más pendientes del internet que de los hijos?, ¿y a los hijos quién los escucha?, ¿quién convive con ellos?. Porque sus padres están con ellos, pero sin estarlo.
Claro está que en su justa dimensión todas las actividades son importantes, desde la recreación hasta las labores del hogar. Es necesario el involucrar a los hijos en nuestras labores. La cuestión radica en que es importante dedicarle tiempo de calidad a nuestros hijos, tiempo para estar con ellos, para jugar, leer, ayudarles en las tareas, comer juntos, CONVIVIR. Debemos hacernos el tiempo para ser parte de la vida nuestros hijos, pero una parte incluyente, tener una convivencia que todos disfrutemos.
El estar en cuerpo y mente con nuestros hijos nos ayudará a fomentar una relación con mayores lazos afectivos, además de que aprenderemos a disfrutar lo que ellos hacen, y nos convertiremos en socios de sus triunfos y soporte en las derrotas. Así mismo lograremos conocerlos mejor, darnos cuenta de que es lo que prefieren y de que no les gusta, cuáles son sus habilidades y que se les dificulta, todo esto requiere de nuestra atención completa. Para lograr esta convivencia es necesario el darnos la oportunidad de desconectarnos del mundo exterior, de las presiones del trabajo, las situaciones económicas y demás factores externos que nos hacen distraernos y de manera inconsciente aislarnos. Debido a todo esto nuestros niños se sienten solos, aislados y desatendidos, aunque al lado tengan a sus padres.
Debemos destinar un tiempo, el que se ajuste a cada quien, para tenerlo como reunión familiar, donde queden excluidas tanto la televisión como las computadoras, celulares, etcétera, y podamos dar paso a esa convivencia auténtica donde logremos una conexión profunda, la cual será el canal para fortalecer las enseñanzas que les brindamos, ya que los juegos nos abren una ventana para poder poner en práctica todo lo que les enseñamos. Mediante el juego podremos reforzarles los valores, pero lo más importante: ellos nos verán hacer las cosas. El ponernos a su nivel es vital, porque al hacer las cosas que ellos hacen sienten una apertura mayor hacia nosotros, pues ven que algunas cosas que para ellos son difíciles de alguna manera para nosotros también pueden serlo, o bien podemos guiarlos en la resolución de esos problemas tan sencillos, pero que para ellos son muy relevantes.
¡Sé parte del crecimiento de tus hijos!
Pregúntate si solo estas físicamente con ellos, o si convives realmente con tus hijos. En caso de hacerlo adecuadamente te felicito, en caso contrario es tiempo de revisar lo que estamos haciendo y como lo estamos haciendo. Siempre tenemos la oportunidad de pasar tiempo con nuestros hijos, acércate a ellos y te aseguro serás bien recibido. Nuestros hijos están a la espera de nosotros.
¿Estás listo para ellos?


